60 años llenos de historias y momentos que compartir
Los recuerdos que permanecen son aquellos que dejan huella en la memoria, por sencillos que puedan ser: “el agua bonita
Los recuerdos que permanecen son aquellos que dejan huella en la memoria, por sencillos que puedan ser: “el agua bonita y limpia”, “el mar espectacular”, un primer viaje en autobús desde Ibiza o aquella frase dicha casi sin saber lo que vendría después: “cuando seamos mayores, volveremos a Formentera”. Así aparece la isla en la memoria de quienes llevan años volviendo a Hotel Rosales: no como un destino cualquiera, sino como un lugar al que se regresa porque hace bien. En estas entrevistas hay historias distintas, pero una misma sensación. Juergen y Elisabeth, por ejemplo, recuerdan que llegarón por primera vez en 1998 y que, desde entonces, “solo aquí en este hotel”.
Simona, en cambio, sitúa su primera estancia en 2014 y lo resume de una forma igual de clara: “siempre aquí, siempre”. Mientras que, Werner y Berta hablan de casi 50 años de Formentera, de volver “una y otra vez” y de seguir viniendo “hasta el final”.
Lo primero que muchos recuerdan es el mar. Unos lo describen como “el agua bonita y limpia”; otros, “lo primero que vi: el mar espectacular”. Hay quien dice que el color del agua es “súper bonito, asombroso” y que vuelve a parecer hermoso cada año. Incluso en invierno, el recuerdo sigue presente: “pensamos en el mar de Formentera” y eso “nos hace volver todos los años”.
También está la Formentera que se descubre sin prisas, con la seguridad de que, al final, siempre te vas a reencontrar con el mar: “llegamos a todas partes en bicicleta”, cuentan. Porque, si uno se equivoca de camino, tarde o temprano “llega a la playa”. En esa sencillez está parte de la esencia de la isla: perderse un poco, encontrar el mar y seguir conociendo cada año los rincones de la isla.
Formentera ha cambiado, como cambian todos los lugares, pero sigue manteniendo intacta esa esencia tan característica que la hace única. Werner y Berta, recuerdan que antes podías ver desde la lejanía tres puntos de luz que unían La Savina, Sant Francesc y Es Pujols alrededor de l’Estany Pudent, únicamente rodeados de naturaleza y carretera. Otros valoran las mejoras: “más servicios”, “más bancos”, zonas peatonales, calles más cómodas y menos ruido. Pero todos parecen coincidir en que la isla conserva su valor cuando se cuida: las salinas, la posidonia, el agua limpia y esa forma de proteger un entorno que sienten como “un tesoro único”.
Y cuando hablan del Hotel Rosales, las respuestas vuelven siempre al trato. “El ambiente familiar”, dicen unos. “La amabilidad del personal, la cortesía, la atención hacia los clientes y la limpieza”, dicen otros. Para quienes llevan más años, el hotel también ha cambiado para bien: “las habitaciones se han vuelto cada vez más bonitas”, la reforma de los baños fue “estupenda” y el equipo es “servicial” y “profesional”. Pero lo que queda, por encima de todo, es la sensación de estar “como en casa”.
Ahí está, quizá, la manera más honesta de contar Rosales: sin grandes promesas, sin artificios, desde la pasión y el respeto por una única forma de entender la hospitalidad: cercana, amable y generosa.
Saber “dónde comprar”, “dónde comer” o “dónde conseguir las bicicletas”. Llegar y reconocer caras. Reencontrarse con personas que también vuelven cada año. Celebrar unas bodas de plata o cincuenta años juntos y encontrarse con “ramos de flores y mesas decoradas” que no esperaban.
Por eso, cuando se les pide resumir Formentera y el Hotel Rosales en una frase, las respuestas son sencillas y verdaderas: “como en casa”, “fantástica Formentera, fantástico el Hotel Rosales”, “es simplemente agradable estar aquí”. En esas palabras está el valor de una historia compartida durante 60 años: haber sido, para muchas personas, una base tranquila desde la que vivir Formentera de forma auténtica, cercana y
honesta.
Porque al final, Rosales es ese lugar al que se llega para descansar y al que se vuelve porque ya forma parte de ti, en un rincón de tu memoria.
Los recuerdos que permanecen son aquellos que dejan huella en la memoria, por sencillos que puedan ser: “el agua bonita
Hay personas que pasan por un lugar. Y otras que, sin darse cuenta, terminan formando parte de él.
Karola Grabitzky —Kola en Formentera— pertenece a las segundas.
El miércoles 12 de agosto de 2026, el atardecer de Formentera tendrá un protagonista diferente.
Hay un momento del año en el que Formentera empieza a bajar el volumen sin despedirse todavía del verano.
Hace seis décadas, cuando Formentera era un paraíso aislado y completamente rural con 3.000 habitantes, donde los ferris llegaban a
Formentera, la joya escondida del Mediterráneo, es un destino perfecto para quienes buscan tranquilidad, paisajes paradisíacos y experiencias memorables. Con