Kola, memoria de una isla que cambia sin renunciar a su esencia: » Sigue siendo un rincón tranquilo y encantador»
Hay personas que pasan por un lugar. Y otras que, sin darse cuenta, terminan formando parte de él. Karola Grabitzky —Kola en Formentera— pertenece a las segundas. Su historia con la isla comienza mucho antes de que el turismo definiera el paisaje. Llega siendo niña, desde Alemania, acompañando a su madre. Lo que encuentra entonces poco tiene que ver con la imagen actual: “No había nada. Absolutamente nada”, recuerda. “Ni asfalto, ni carreteras como ahora. Para ir hacia Es Pujols el camino era todo tierra”. Un territorio que, para quienes venían de grandes ciudades, tenía algo de revelación. “Para nosotros era un paraíso”.
Volver, quedarse, pertenecer
Lo que en un principio fue una visita se convirtió, con el tiempo, en un cambio de vida. Años después, ya en Alemania, una propuesta inesperada la devuelve a Formentera. Un amigo que trabajaba en la operativa turística le propone pasar una temporada en la isla. Kola acepta sin pensarlo demasiado. Era 1978. Y sin saberlo, estaba dando inicio a una relación que duraría décadas. “No lo pensé mucho”, viene a decir entre líneas su historia. Porque hay decisiones que no se toman: se sienten.
Cuando Formentera empezaba a contarse al mundo
En aquellos primeros años, el turismo era todavía incipiente. Los visitantes llegaban principalmente desde Alemania y Francia, atraídos por algo difícil de describir, pero fácil de reconocer. “En Düsseldorf siempre decían que Formentera era mi pequeño jardín en el sur”, cuenta entre risas. La frase no es casual. Habla de una relación especial con el lugar. De pertenencia. Kola sitúa uno de los momentos de inflexión en los años noventa, cuando una campaña publicitaria rodada en la isla despertó el interés del público español: “Aquello lo cambió todo”. Pero incluso entonces, Formentera no perdió del todo su esencia.
Una isla que crece sin romperse
El paso del tiempo transformó infraestructuras, accesos y dinámicas. Era inevitable. “Las carreteras mejoraron, claro. No podemos parar el tiempo”, explica. Sin embargo, hay algo que Kola destaca con claridad: la escala. “Formentera ha sabido mantenerse”, viene a decir. Sin rascacielos, sin grandes complejos. Con calas que siguen intactas. Ahí reside la diferencia. Y también el motivo por el que, aún hoy, muchos visitantes siguen experimentando la isla como un descubrimiento personal.
Rosales: una forma de entender la hospitalidad
En ese contexto de primeros viajeros, grupos organizados y crecimiento gradual del destino, aparece también el Hotel Rosales en la historia de Kola. Un hotel que, más allá del tiempo, ha sido —y sigue siendo— un punto de referencia. Recuerda con nitidez a Amador, figura clave en aquella etapa: “Quería que todo fuera ‘así y así’… pero todo funcionaba bien”, dice entre risas. No es una anécdota superficial. Habla de una manera de trabajar, de una exigencia que formaba parte de una forma muy concreta de entender el servicio. Pero si hay algo que permanece en su relato es el valor de las personas. “El personal es un encanto… siempre ayudando y solucionando cosas”, afirma hoy, al mirar el Rosales actual. Una continuidad que va más allá de las instalaciones.
Historias de otra manera de viajar
La Formentera de Kola también es una colección de escenas. Pequeñas historias que hoy parecen improbables.
Como aquel cliente que cayó al agua en el puerto… sin querer soltar sus maletas. “Le decíamos que las soltara para poder sacarlo, pero no quería”, recuerda. Al día siguiente, con la ropa secándose al sol, el hombre bromeaba: “Esta chaqueta la limpiaré siempre con agua salada”. Al año siguiente volvió. Y quizás ahí está la clave: no era solo el destino, era la experiencia. El vínculo.
Lo que permanece
Han pasado décadas. Formentera ha cambiado. Kola también. Pero hay algo que no se ha alterado. Cuando se le pide definir la isla en una sola frase, no duda: “Mi isla preferida”. Y en esa sencillez hay una verdad difícil de construir artificialmente. Porque Formentera no se explica del todo. Se vive. Y Rosales —desde su historia, sus personas y su manera de estar— ha sido parte de esa experiencia durante generaciones.
Una historia que continúa
Hoy, al celebrar su trayectoria, el Hotel Rosales no solo suma años. Suma historias como la de Kola. Historias que hablan de tiempo, de vínculo y de una forma de hacer las cosas que no responde a tendencias, sino a convicciones. En una isla que ha sabido transformarse sin dejar de ser ella misma, Rosales representa algo esencial: la hospitalidad entendida como cercanía, memoria y autenticidad.
Entrevista integra
1. ¿Cómo se llama y de dónde es?
Respuesta: Soy alemana y me llamo Karola Grabitzky, aunque aquí en la isla todos me conocen como “Kola”. De Karola no me conocen.
2. ¿Recuerda su primera impresión de la isla? ¿Cómo era?
Respuesta: Fantástico. No había nada, nada. El hotel… no lo recuerdo bien. Vine con mi mama la primera vez en 1967 y estuvimos en un hostal en Ca mari. No había ni asfalto, ir hacia Es Pujols era todo tierra y había poco tráfico. Era una maravilla de isla para los turistas que venían de ciudades grandes, aquello era un paraíso total.
3. ¿Qué le hizo quedarse?
Respuesta: Los primeros años no me quedé. Tenía un amigo aquí que trabajaba en “Tourístic Service”, una agencia de Düsseldorf, que fue la primera zona de Alemania desde la que empezaron a venir visitantes. Venía a saludarles, a verlos, y así conocí a todos los alemanes que trabajaban aquí. Yo estaba estudiando, pero mis segundos estudios no me gustaban mucho… y cuando me ofrecieron venir a trabajar una temporada a Formentera dije que sí inmediatamente. Así empecé aquí en 1978, pero solamente temporadas.
4. ¿Cómo empezó el turismo en la isla?
Respuesta: El turismo de turoperadores empezó más fuerte ya en los años 80. En el 78 todavía no había mucho movimiento, pero a partir de los 80 sí.
5. ¿Quiénes eran los primeros visitantes? ¿Qué buscaban?
Respuesta: Los primeros eran franceses y alemanes. En mi ciudad siempre decían que Formentera era “mi pequeño jardín en el sur”. (risas) españoles casi no venían todavía. ¿Y quieres saber cómo se enteraron y empezaron a venir los españoles? empezaron a llegar más tarde, a raíz de la famosa campaña publicitaria de cerveza Estrella Damm en los años 90, que se hizo aquí en la isla, en Formentera. Aquello lo cambió todo.
6. ¿Cómo cambió la isla conforme se hizo más turística (infraestructura, carreteras, ambiente social)?
Respuesta: La verdad, no me gusta mucho la masificación. Eso llegó hace unos 30 años, sobre todo con los italianos y las grandes agencias como Going. Nos sentíamos un poco fatal en estos momentos, pero trabajábamos también con una agencia grande alemana con el grupo LTU y así conocí también a Rosales Las carreteras y la infraestructura mejoraron, claro. No podemos parar el tiempo: hay que crecer. Pero lo bueno es que en Formentera han dejado todo pequeño: sin rascacielos, sin hoteles enormes como en Ibiza o Mallorca. Las calas siguen sin hoteles encima porque no podían construir, y eso es estupendo. Por eso los clientes de hoy siguen adorando la isla: incluso en temporada alta siempre encuentran su rincón, y mayo y junio son un encanto. Julio y agosto olvidamos de momento, pero ahí está el dinero. (risas)
7. ¿Qué recuerda de los inicios del Hotel Rosales?
Respuesta: Del verdadero inicio no lo sé, porque yo llegué más tarde. Pero cuando empezaron a llegar los primeros alemanes con turoperdores grandes, sobre los años 80, todos estaban muy contentos. Mi hermana y su marido ya estaba aquí en el ano 68 , y ellos vinieron también para conocer la isla y hasta el dia de hoy, toda la familia, incluido los hijos de mis hermanas, siguen yendo de vacaciones. Y, bueno, la llamé antes para que me contara cosas de Rosales y ella me contaba que la comida del Rosales era buenísima: sobre todo a ella le gusto el desayuno, pan tostado, margarina y mermelada de albaricoque… y hasta hoy le encanta esa mermelada, entonces estaba muy contenta (risas) Cuando era turista, apenas conocía bien Es Pujols, pero trabajando de guía con la oficina en Es Pujols lo conocía bien y se convirtió en mi segunda “casa” durante muchos años y me encanta hasta hoy.
8. ¿Qué tipo de clientes venían al Rosales en esas primeras épocas?
Respuesta: Muchos franceses, que incluso compraron apartamentos en Es Pujols. También les gustaba Es caló y Migjorn. Algunos Ingleses también venían. Y, por supuesto, muchos alemanes gracias a la compañía LTU, que era muy fuerte en esa época. Yo trabajaba con ellos al principio.
9. ¿Qué significaba para usted trabajar con el hotel?
Respuesta: Había discusiones, claro, porque el señor Amador quería que todo fuera “así y así” y discutir nada, nada (risas). Pero todo bien, y los clientes contentos
10. Si compara la Formentera de entonces con la actual, ¿qué es lo que más ha cambiado?
Respuesta: La construcción, sin duda. Es Pujols se ha convertido en un centro turístico y siguen construyendo. Al final, Es Pujols es Es Pujols, el centro turístico. Pero el resto de la isla mantiene bastante su esencia: casas, casitas, hoteles… solo han cambiado los dueños. La playa de Es Pujols está igual de bonita. Me encanta bajar, incluso en temporada, tomar un helado y mirar la gente. Es divertido y aparte es limpio y muy bonito.
11. ¿El espíritu de la isla de los años 60–70 sigue vivo? ¿o ha cambiado mucho?
Respuesta: Ha cambiado, sí. Claro que cambió, antes venían hippies de América que huían de la guerra de Vietnam, franceses, gente internacional… y bien, así empezó el turismo. Hoy es diferente, no todo ha cambiado para mejor, como yo lo veo, pero aun así la gente sigue enamorándose de la isla cuando la descubre. Tengo clientes alemanes que vienen todos los julios a apartamentos de Es Pujols y lo disfrutan muchísimo. Lo ven con otros ojos.
12. ¿Recuerda alguna historia divertida o especial con clientes?
Respuesta: Muchas. Hay muchas. Una es muy bonita pero no era con un cliente de Rosales. En esta época íbamos siempre con los clientes al puerto para ir a Ibiza a recoger nuevos grupos y volver a la isla, pero no con los ferries de hoy, sino con pequeñas embarcaciones de charter, ya había anochecido y los marineros descargaron las maletas en tierra de forma bastante desordenada y los clientes tuvieron que arreglárselas para encontrar sus maletas en medio de aquel caos. Una vez, al descargar, yo estaba ya en los autobuses para dar instrucciones a los clientes y vino un colega de otro turoperador y me dijo “hoy os toca a vosotros” y yo le preguntó “¿cómo? ¿Qué nos toca?” y ya me dijo que un cliente nuestro se había caído al agua en el puerto con sus dos maletas y no quería soltar las maletas para que lo sacaran, decía que no las dejaba dentro “por si acaso”. Al final lo sacaron a él y sus maletas todo mojado. Dije a mi guía: “No lo pongas en el autobús, está empapado. Llévalo en coche”. Este llevó al huésped a un alojamiento equivocado y se marchó. Afortunadamente la recepcionista de allí llevo al cliente en su alojamiento correcto. Cuando fui a verle por la mañana había puesto sus vestidos y los billetes a secar. Tenía una chaqueta totalmente empapada, pero de buen humor me dijo: “Está todo bien” “Mire usted esta chaqueta, a partir de ahora la voy a limpiar siempre con agua salada”. (risas) tenía buen humor, el año siguiente volvió otra vez y al verme en el puerto en los autobuses me dijo: “esta vez no me he caído al agua …” (más risas) Anécdotas así… muchas.
13. ¿Algún momento difícil que marcara un antes y un después?
Respuesta: En principio, no… ha ido todo fluyendo poco a poco, el cambio no fue abrupto, y hasta hoy me siento muy bien aquí. No tengo un recuerdo negativo que marque un cambio radical.
14. Si tuviera que definir Formentera en una sola palabra
Respuesta: Mi isla preferida. Sigue siendo un rincón tranquilo y encantador. Y creo que, para muchos, muchos clientes también. Por eso repiten y vuelven una y otra vez.
15. ¿Y el Hotel Rosales?
Respuesta: El hotel ha cambiado mucho, y esto no para peor. Me gusta mucho cómo lo han hecho. El personal es un encanto. Personas como Rosario, por ejemplo, siempre han sido muy amables con los clientes, siempre ayudando y solucionando cosas. Eso siempre ha sido así. Todavía hoy me gusta venir aquí, saludar al personal y charlar un momento.
16. ¿Qué siente al saber que el hotel cumple 60 años?
Respuesta: Es mucho tiempo. Entonces pienso que yo también me he hecho mayor. (risas) *Espera, desde 1966 habíamos dicho no? Del 66 no, del kiosko no me acuerdo, yo recuerdo el hotel cuando ya estaba en funcionamiento, pero todavía en una época muy distinta. En aquellos años no había electricidad permanente. Los hoteles tenían generadores y a las diez de la noche se apagaba todo. Mi hermana también lo recuerda: a veces había luz y a veces no: por eso siempre tenían velas para poder alumbrarse (risas)
17. ¿Qué mensaje le daría a quienes visitan Formentera hoy?
Respuesta: Que disfruten mucho de la isla y que tengan muy buenas vacaciones.
Hay personas que pasan por un lugar. Y otras que, sin darse cuenta, terminan formando parte de él.
Karola Grabitzky —Kola en Formentera— pertenece a las segundas.
Formentera, la joya escondida del Mediterráneo, es un destino perfecto para quienes buscan tranquilidad, paisajes paradisíacos y experiencias memorables. Con